jueves, 13 de junio de 2013

EL TOMATE DE LOS PALACIOS

Posiblemente, el mejor tomate del mundo

alvaro-romero
Por Álvaro Romero Bernal
A mi pueblo, que tiene nombre compuesto pero es uno solo, le aportó Los Palacios toda esa pátina de nobleza más narrada que real gracias a alguna cacería de Pedro I el Cruel cuando se quedó en su castillo o palacio; y Villafranca de la Marisma, un término de tierra donde sembrar y mucho sentido común. Primero una historia y luego la otra, oficialmente no se fundieron hasta 1836, pero oficiosamente ya lo habían hecho gracias a las miradas cruzadas de los jóvenes enamorados a un lado y otro del arroyo de la Raya que los separaba –o más bien los unía–, a las devociones compartidas y al paladino placer de saborear los mismos frutos del manchón. Como cualquier otro pueblo de aquí o de allá, Los Palacios y Villafranca ha sufrido el chovinismo justo como para creerse, en tiempos de sandías gordas, que es el mejor porque sí, pero también el arranque preciso y colectivo como para creer, en tiempos de crisis de toda índole, que dispone de argumentos suficientes como para serlo, en determinados aspectos, de verdad. Ahora que pretende demostrarlo con un récord guiness ofreciendo la mayor fritada de tomates del mundo ha llegado el momento de su verdad global, de su señalamiento estratosférico con un producto de la tierra que empezó a cultivar hace más de cuatro siglos, en cuanto las primeras semillas de las tomateras arribaron de allende el Atlántico en viaje de vuelta tan largo como el que más tarde haría de ida el palaciego Juan Páez Hurtado, gobernador del México que nos regaló el sabor y la palabra: tomate.
tomate-tribunaLo más curioso y valioso de todo este folklore que se prepara para el sábado 15 de junio, con una fritada de tomates de 1.500 kilos en un perol de más de cuatro metros de diámetro y para la que harán falta 4.000 kilos del producto fresco, más 400 kilos de pimiento, 100 kilos de azúcar, 50 de sal o 75 litros de aceite de oliva, no es la exageración de un pueblo acostumbrado a lo hiperbólico –recuérdense sus concursos de uvas, sandías y calabazas gigantes–, sino que, por primera vez, el pueblo entero, literalmente, se haya volcado con la causa, deseoso de mostrar al mundo que su acendrada hospitalidad y su inconfundible sabor a auténtico se tiñen de rojo. No hay chiquillo en la escuela ni joven a su bola ni viejo en sus batallas que no sepa, orgullosos de patria chica, lo del récord tomatero de este sábado, llamado a convertirse en el símbolo histórico de un pueblo que, proféticamente, lo tenía ya en el concepto de La Unión.
Lo del récord de este sábado, diga lo que diga ese juez de Londres que aterrizará en el Parque de los Hermanamientos al módico precio de 5.600 euros, supone la fructífera conclusión de una década de esfuerzos comunes dirigidos a poner en valor un tomate único que lo es gracias al microclima de este suelo entre la campiña utrerana y la marisma que un día se llamó Ligustinus. Aunque el Palenque de la antigua travesía que cruzaba el pueblo, con sus tomates destinados a media España, suponga un honroso antecedente, en el esfuerzo de la última década han participado todos, desde el anterior alcalde, Antonio Maestre (PSOE), que cuando aún se hablaba de desaceleración y no de crisis soñó con un parque agroindustrial llamado Agrópolis del que quedó al menos el logo que era un tomate, hasta el actual regidor, Juan Manuel Valle (IP-IU), que ha hecho de la escasez un campo propicio a la imaginación, pasando por el presidente de los empresarios, Antonio Gamero, al que se le ocurrió esta international adventure de la fritá guinness; el presidente de la Cooperativa Las Nieves, Antonio Escalera, siempre dispuesto a la promoción de viva voz de un bombón colorao del que, sin ir más lejos, se produjeron el año pasado cinco millones de kilos; el archivero municipal, Julio Mayo, que redactó un memorial histórico sobre el tomate palaciego; la Asociación de Productores del Tomate, que junto al Ayuntamiento ha estado siempre dispuesta a apellidar con el tomate cualquier iniciativa municipal, desde la Feria Agroganadera hasta la Ruta de la Tapa; y, cómo no, los agricultores que miman sus invernaderos y sus cosechas como sólo pueden hacerlo los hermanos Barrón o Pepe Tejero, que han ofrecido siempre productos extraordinarios, al margen de que se persiguiera una Denominación de Origen, una Indicación Geográfica Protegida o una Marca Nacional Colectiva.
En puridad, el verdadero récord del pueblo que organizará la mayor fritá de tomates del mundo con los cocineros punteros de algunos de los mejores restaurantes de aquí –Manolo Mayo, Moral, Juanma, La Pachanga y Troncoso– no reside ya en superar los 1.500 kilos que llenarán el megaperol y que habrán de ser consumidos por muchísimos más paladares hasta dejarlo seco y conformar una página del Libro de los Guinness, sino haber descubierto, justamente cuando menguan los pelotazos y crece la imaginación, que sólo seremos un gran pueblo si, como Fuenteovejuna, vamos todos a una, a cerrar el círculo perfecto del alfa y la omega de lo que siempre fuimos: un pueblo que, prematuramente, entendió la democracia como el derecho de cada patriarca a tener su manchón, ese pequeño trozo de tierra donde hace siglos se podía sembrar y consumir los mejores tomates del mundo sin que lo supieran más allá de la capital y que ahora, tantos siglos después, sol a sol y luna a luna, mientras regresan al manchón de padre incluso los pródigos del ladrillo, empiezan a confirmarlo hasta en los confines de la Tierra. Sabiendo todo esto, el tomate de Los Palacios sabe mejor. Claro que aquí hay tomate, posiblemente el mejor del mundo. Habrá para todos.



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2 comentarios:

Manuel NUÑEZ AMADOR dijo...

Buen artículo que hace mención a nuestro querido pueblo y al símbolo que representa el tomate, precisamente unos días antes se tratará en el Patio Parnaso: El Símbolo. Qué el tomate es un símbolo palaciego no nos cabe la menor duda a los vecinos de este paraje y bien es conocida la frase de las comarcas aledañas y en la propia capital “Los tomates de Los Palacios, los mejores y más sabrosos para el paladar”. Independientemente de los resultados de batir o no records nadie nos podrá arrebatar este sanbenito que se oye por aquí y por allá gracias al tesón de nuestros manchoneros y de quien quiera tomar la bandera, porque el mayor símbolo de este producto, es su presencia y sobre todo su sabor. Felicitaciones Álvaro Romero, gracias por hacer historia local. Saludos

Manuel NUÑEZ AMADOR dijo...

Buen artículo que hace mención a nuestro querido pueblo y al símbolo que representa el tomate, precisamente unos días antes se tratará en el Patio Parnaso: El Símbolo. Qué el tomate es un símbolo palaciego no nos cabe la menor duda a los vecinos de este paraje y bien es conocida la frase de las comarcas aledañas y en la propia capital “Los tomates de Los Palacios, los mejores y más sabrosos para el paladar”. Independientemente de los resultados de batir o no records nadie nos podrá arrebatar este sanbenito que se oye por aquí y por allá gracias al tesón de nuestros manchoneros y de quien quiera tomar la bandera, porque el mayor símbolo de este producto, es su presencia y sobre todo su sabor. Felicitaciones Álvaro Romero, gracias por hacer historia local. Saludos